06 junio 2012

¡Maldito seas, Ray!





No fue muy buena idea
ponerse a leer en el recreo
"Remedio para melancólicos",
a cada rato alguien me interrumpe
preguntándome
si estoy triste,
si me siento bien,
si se murió mi abuelito.

No me lleva mucho tiempo darme cuenta
que piensan que se trata de un libro de autoayuda.
Y de nada sirven mis explicaciones,
que sólo son cuentos de ciencia ficción
lo que hay tras las tapas azules
con el angelito llorón
de la quinta edición
(febrero de 1974)
de Minotauro,
comienza a correr la bola por el colegio
de que estoy melancólico,
que ando llorando por los rincones,
aullándole a la luna
y escribiendo poemas
de amor.

¡Maldito seas, Ray!
¡Teniendo el libro cuentos mejores, como
"El maravilloso traje de helado color crema",
"La peluca", "El pueblo donde no baja nadie"
o "Eran morenos y de ojos dorados"
justo se te ocurre usar el título
de esa tonta e insulsa
historia de amor!

Una semana después llevé
"Las maquinarias de la alegría".
Todos respiramos aliviados.