27 junio 2012

Todo el año es carnaval

Con el título de "Promociones junio" me acaba de llegar por email este simpático SPAM de una vidente

¿Qué es lo gracioso al respecto?
Bueno, por las dudas lo que escribí al comienzo no les dio una pista, acá va la captura de pantalla del encabezado del mensaje:


¿Ahora sí?

Muy buena vidente no ha de ser si no sabe siquiera en qué época del año cae Carnaval.

Felices Pascuas y Happy Hallowe'en.

20 junio 2012

En una nube de pedo

El comercial es viejo y seguro casi todos lo han visto, pero por las dudas alguien viva en un calefón (o fuera de la Argentina, bah), lo pego aquí:



Y la verdad es que me irrita bastante, no sólo como espectador "normal" sino como (ex) creativo publicitario.
¿En qué carajo estaban pensando cuándo lo hicieron?
Digo, supuestamente el chabón es el representante del público objetivo del producto, ¿no?
O sea, según esta publicidad el bebedor ideal de Quilmes Lieber es un joven profesional que se casó con una vividora descerebrada y que, en cuanto se libera de la bruja, hace las mismas pelotudeces que un borracho pero estando sobrio.

No sé, nunca tuve la oportunidad de hacer un comercial de cerveza, y si bien recuerdo cuán complicado es lidiar con la gente de marketing y los clientes no basta para contrarrestar mi desconcierto al ver este (y otros, porque no es un caso aislado en la tanda) engendro.
¿O será que yo ya soy un fósil viviente de una época publicitaria en la que uno no pintaba como un imbécil al potencial consumidor del producto a publicitar?

06 junio 2012

Las transformaciones de las cosas

Eckels estaba cansado de ser siempre el cobarde que huye al ver al tiranosaurio.
No debería estarlo, los personajes generalmente sufren de amnesia siempre que alguien lee la historia de la que son parte y repiten una y otra vez lo que escribió el autor. Pero las innumerables relecturas que tuvo “El ruido de un trueno” provocaron en Eckels un déjà vu que evolucionó en la fatalista certeza de que él es el cagón que se sale del sendero antigravitatorio y pisa la mariposa que cambia irreversiblemente el presente por uno más oscuro.
Así que juntó toda su fuerza de voluntad para torcer la trama. No es algo sencillo para un personaje, pero estaba decidido. Aprovechando el momento en que Bradbury lo hace apuntar en broma con su rifle, ni bien salen al Cretácico, mata a Travis y al resto del safari y regresa corriendo a la máquina del tiempo, sin salirse del sendero, pese a que Bradbury, alertado de la rebelión del personaje, lo sacude con furia.
Eckels sabe que no podrá volver a su presente, Bradbury le impide controlar correctamente la máquina, pero está decidido a que el autor no se salga con la suya. La lucha es cruenta y agotadora para ambos. Finalmente, la máquina, fundida, cae en un sueño. Eckels, agonizando, es expulsado de ella y aplasta ―irónicamente, ya que Bradbury está demasiado agotado para escribirlo― una mariposa que pasa por allí.
Como es una mariposa onírica, y no ficcional, a Eckels no le importa. Muere feliz. Su presente está a salvo.
Pero no: miles de antologías de ficciones breves implosionan, arrasando al universo con ellas. Es que por más que se devanó los sesos, Chuang Tzu nunca pudo acordarse al despertar qué carajo pasaba en ese sueño tan bueno que había tenido.

¡Maldito seas, Ray!





No fue muy buena idea
ponerse a leer en el recreo
"Remedio para melancólicos",
a cada rato alguien me interrumpe
preguntándome
si estoy triste,
si me siento bien,
si se murió mi abuelito.

No me lleva mucho tiempo darme cuenta
que piensan que se trata de un libro de autoayuda.
Y de nada sirven mis explicaciones,
que sólo son cuentos de ciencia ficción
lo que hay tras las tapas azules
con el angelito llorón
de la quinta edición
(febrero de 1974)
de Minotauro,
comienza a correr la bola por el colegio
de que estoy melancólico,
que ando llorando por los rincones,
aullándole a la luna
y escribiendo poemas
de amor.

¡Maldito seas, Ray!
¡Teniendo el libro cuentos mejores, como
"El maravilloso traje de helado color crema",
"La peluca", "El pueblo donde no baja nadie"
o "Eran morenos y de ojos dorados"
justo se te ocurre usar el título
de esa tonta e insulsa
historia de amor!

Una semana después llevé
"Las maquinarias de la alegría".
Todos respiramos aliviados.