16 noviembre 2012

"Hitler también ganó con el voto popular"

En las últimas semanas, al menos acá en Argentina, se escuchó más de lo habitual la afirmación "Hitler también ganó con el voto popular". Bueno, lo habrá hecho en un universo paralelo, porque en este no.

Sí, disculpen que les haga tambalear sus certezas adquiridas, pero Hitler no llegó al poder por el voto.

La cosa es mucho más compleja y hay que tener en cuenta el contexto. Después de la Primera Guerra Mundial en Alemania se formó lo que luego se conoció como la República de Weimar, una versión democrática del Imperio Alemán previo. Esta época (de 1919 a 1933) fue una de crisis constante, en economía y política, y los alemanes no terminaban de encontrarle mucho la onda a eso de la democracia. La república de Weimar tenía un gobierno parlamentario algo particular. A la cabeza de todo estaba el presidente, que se elegía por el voto popular, con atribuciones que se parecían bastante a las que tenía el antiguo emperador. Como, por ejemplo, la disolución del Parlamento (con dos cámaras, el Reichstag y el Reichrat). El poder ejecutivo estaba en manos del Canciller, que era designado por el presidente y el congreso (no se votaba) [en la actualidad, la cosa es casi al revés, lo que se elige por voto directo es al canciller, y por voto indirecto al presidente].
Durante esta época hubo muchos intentos de golpes de estado (entre ellos, uno organizado por los nazis) y otros tantos intentos separatistas (Alemania se había unificado en 1871, o sea, hacía relativamente poco; antes era una confederación de reinos más o menos autónomos).
A esta situación inestable hay que sumarle que el Tratado de Versalles había impuesto condiciones bastante humillantes para el país como reparaciones de guerra y que cuando vino la crisis capitalista del 30 (la caída de Wall Street), EEUU, el Reino Unido y demás aliados comenzaron a presionar con más fuerza para que Alemania pagase lo que debía. El lógico fastidio que esto podía causar en cualquier país estaba agravado porque el ejército no reconocía del todo al tratado y tampoco a la república (muchos añoraban la monarquía) y porque existían los Freikorps, compañías militares libres no siempre del lado de la ley (digamos, eran algo mafiosos los muchachos).
También es parte del contexto el cierto descrédito de las democracias que había en el mundo. Digamos, se tenía el ejemplo de Italia y Japón, que tenían ambos "gobiernos fuertes", con un fortísimo sentido nacionalista, que hacían "que los trenes lleguen a tiempo" y a los que la crisis mundial no los había afectado tanto. O sea, los alemanes de la República de Weimar, al igual que muchos caceroleros argentinos, se decían que "acá hace falta una mano dura".
Por eso el partido nazi fue teniendo bastante apoyo popular, aunque no fue un partido masivo hasta la década del 30 (cuando pasó de ser el noveno partido al segundo en cantidad de votos).

Planteado el contexto, pasemos a los personajes.
Para empezar tenemos a von Hindenburg, el presidente, que para el año 1932 tenía 84 años y ya estaba a punto de terminar su mandato. El tipo estaba muy enfermo y algo senil, no era muy afecto a la democracia (era monárquico, bah) y se quería ir. El tema es que la derecha aristocratizante veía con miedo que Hitler, a pesar de no tener gran apoyo popular, podía convertirse en el nuevo presidente de Alemania por obra y gracia de la división existente en el resto de los partidos. Por eso lo convencieron a Hindenburg que se presentara a la reelección, ya que era el único que podía vencer a Hitler. Y lo hizo.
En las elecciones de 1932 sacó el 49,6% de los votos en primera vuelta y el 53,1% en el ballotage. Hitler sacó el 30,1% y el  36,8%, respectivamente. O sea, Hitler salió segundo, a 16 puntos de Hindenburg.
Listo, esto ya refutaría el mito, ya que fueron las últimas elecciones presidenciales en Alemania hasta después de la guerra.
Pero creo que más de uno se preguntará: "Si perdió las elecciones, ¿cómo llegó Hitler al poder?"
Bueno, es toda una historia de intrigas palaciegas protagonizadas por, entre otros, Heinrich Brüning, Franz von Papen y Kurt von Schleicher.
Hindenburg, en los últimos meses de su primera presidencia y en los primeros de la segunda gobernaba mayormente por decreto. Brüning era el canciller y el artífice de la reelección de Hindenburg, pero estaba en desgracia mayormente por las intrigas de Schleicher, que quería imponer un régimen más presidencialista. Schleicher también tenía un plan de destruir al nazismo dándoles cuerda y después dejarlos que se destruyeran por sus propias contradicciones internas.
La cosa es que Brüning cae y es sucedido por Papen, que era de su mismo partido, aunque más conservador. Su llegada a la cancillería no fue muy transparente y por eso muchos de sus correligionarios lo veían como un traidor a Brüning. Además no tenía casi apoyo en el Reichstag y nadie lo quería. Una de las cosas que hizo Papen fue levantar la prohibición de las SA (la fuerza de choque nazi) que había impuesto Brüning, como un intento de congraciarse con Hitler y sus secuaces. También disolvió el parlamento y llamó nuevamente a elecciones en julio de 1932. Su idea era tener la mayoría en el Reichstag y poder así gobernar tranquilo. El tema es que no le salió bien la movida, sus candidatos no ganaron y el partido nazi se convirtió en la primera fuerza, aunque aún así no tenía la mayoría en el Reichstag. Los intentos de formar un gobierno de coalición fracasaron, Hitler empezó a pedir la cancillería para él. Schleicher, pese a que era ministro de defensa de Papen, negociaba con Hitler para que esto sucediera, pero, como Hindenburg no quería saber nada con Hitler ("el cabo bávaro" lo llamaba), la cosa se puso insostenible y finalmente von Papen disolvió el Reichstag, llamando a elecciones en noviembre de 1932. Los nazis, pese a seguir siendo la primera fuerza, perdieron 34 bancas con respecto a la elección anterior.
La situación seguía inestable y Schleicher le movió finalmente el piso a Papen, logrando que Hindenburg lo nombrase Canciller. Schleicher hizo una movida para dividir a los nazis, proponiendo como vicecanciller a Gregor Strasser, el principal oponente de Hitler dentro del nazismo (para simplificar la cosa digamos que Strasser era el ala izquierda del nazismo, el que ponía el "socialismo" en "nacionalsocialismo"). El plan falló porque Strasser no se convenció del todo de romper con Hitler (aunque dicen que, de hacerlo, se hubiera llevado una buena cantidad de bancas en el Reichstag) y porque el Adolfo hizo uso de su carisma y sus dotes de líder y logró unificar al partido. Schleicher cae en enero de 1933 y Papen, que había estado negociando con Hitler, convence a Hindenburg que lo nombre canciller (reservándose el puesto de vicecanciller para él, claro, que no era una intriga desinteresada la de Papen). La idea de Papen, apoyado por muchos políticos conservadores y aristocratizantes, era que así iban a poder controlar a estos buenos muchachos.
Es así como en 1933 Hitler es elegido canciller por Hindenburg. No por el voto popular, no por decisión del Reichstag, sino por el dedo de Hindenburg.
Y aún así Hitler aún no tenía todo el poder. Por un lado, todas las fuerzas que habían provocado las caídas de Papen y Schleicher seguían vigentes, y por el otro se le estaba rebelando un poco la tropa, que no veía con buenos ojos que Hitler estuviera haciendo tantas buenas migas con los conservadores. Además, Hindenburg tenía que aprobar todas las medidas que tomase Hitler (porque él era el presidente y Hitler sólo el canciller) y en el Reichstag Hitler sólo tenía el 34% de las bancas.
Hitler empezó a laburar para llamar a nuevas elecciones parlamentarias, convenciendo a Hindenburg y Papen que no iba a cambiar el gabinete.
Las elecciones se fijaron para el 5 de marzo de 1933. Una semana antes, el 27 de febrero, se produce el Incendio del Reichstag, un atentado que fue adjudicado a los comunistas (aunque aún no se sabe si realmente fueron responsables o los nazis les hicieron la cama). Esto le sirve a Hitler para que Hindenburg promueva el Decreto del Incendio del Reichstag, el cual, básicamente, derogaba casi todos los derechos civiles de los alemanes y habilitaba a que todos los comunistas fueran arrestados.
Se hacen las elecciones, con la mayoría de los dirigentes comunistas en campos de concentración y el partido virtualmente proscrito. A esto hay que sumarle que varios de los dirigente socialdemócratas (la segunda fuerza) se habían ido al exilio, por miedo a que les tocase también a ellos. Obviamente los nazis ganan las elecciones, aunque no tan bien como Hitler hubiera querido (sólo controla el 43% de las bancas).
El 23 de marzo el parlamento alemán promulga la "Ley para solucionar los peligros que acechan al Pueblo y al Estado", también conocida como "Ley habilitante" que, básicamente, le daba casi todo el poder a Hitler y hacía que el Reichstag fuese apenas una institución decorativa.
La historia se completa con que los partidos de la oposición son neutralizados, los "amigos" políticos de Hitler o van a parar a campos de concentración o son asesinados durante "La noche de los cuchillos largos" (entre ellos Schleicher y Strasser) y Hindenburg finalmente estira la pata en agosto de 1934 y Hitler unifica los dos puestos de presidente y canciller en el de Fuhrer.

O sea, como puede verse, la cosa es mucho más compleja (y aburrida, perdonen) que la afirmación "Hitler ganó con el voto popular".
Y el problema con las cosas complejas y aburridas es que, lamentablemente, no dan buenos slogans que se puedan pintar en cartelitos.
Así que dale que va, "Hitler ganó con el voto popular" y me importa un bledo que sea mentira.
Aparte de que es una soberana estupidez argumentativa porque, ¿qué quieren decir? ¿Que cualquier político elegido democráticamente es de facto un dictador en potencia? Es como decir "Ah, pero Hitler tenía dos piernas, al igual que Fulanito, por lo tanto Fulanito y Hitler son lo mismo". Así de estúpido es el argumento.

Pero, bueno, así de estúpidos son los que lo esgrimen.