10 junio 2011

Manos, latas, ratas

A ver... si en una ONG hay un tipo (o tipa, porque no importa el género, aunque en este caso particular es tipo) que está en una posición en la que maneja importantes sumas de dinero y ese tipo, por falta de escrúpulos, mete alevosamente la mano en la lata y cuando quien dirige la ONG descubre la estafa hecha al tipo de la ONG, ¿es a la ONG o al tipo al que hay que criticar, repudiar y juzgar?
Digo, ¿estarían los medios haciendo el mismo escándalo que están haciendo con Schocklender y las Madres si la metida de mano en la lata hubiera ocurrido en Caritas o en la Fundación de Juan Carr? ¿O estarían diciendo "¡qué barbaridad este tipo que se aprovechó de la buena fe de gente que tanto bien hace a la comunidad!"?

O sea, sí, por supuesto, es una operación política para joder al gobierno, etcétera, etcétera. No es eso lo que me llama la atención, sino que la operación sea tan pedorra que no pueda sostenerse frente al más tarado análisis del sentido común.

Pero, si se me permite una ingenuidad aún más ingenua: tengo la impresión de que el odio a lo que hacen las Madres o Milagros Salas va más allá de una cuestión política; creo que la cosa pasa también porque representan una amenaza al monopolio de la solidaridad que detentan las ONG religiosas o las de las Damas Sensibles de la Alta Sociedad. No sólo las Madres o la Tupac Amaru hacen mejor su trabajo, sino que sacan de pobres a los pobres, y eso no está bien. ¿A quién se le ocurre prestar un servicio de modo tal que el cliente deje de ser cliente?

En fin, es una idea de esas que a uno se le cruzan por la cabeza. Ahora a esperar que los comentarios se llenen de trolls.
Y eso.