20 agosto 2006

The health and happiness show (parte I)

Bueno, vamos a ver si reactivo un poco las cosas y empiezo con una serie de artículos críticos sobre naturismo, vegetarianismo y otras falacias.

Comienzo con algo light (risas de la claque): la Entrevista de una Zanahoria a un Pienso, una obra anónima (al parecer le dio vergüenza hacerse cargo) de humor involuntario pero cargada de zonceras dignas de criticar en serio (lo en serio que yo puedo hacer algo, claro está).

Si quieren leerla entero vayan aquí, que yo los espero. En serio.

Mientras regresan los lectores que se fueron a leer el artículo completo, a los que quedaron les hago un resumen: Es un dialoguito entre una zanahoria y un pienso (es decir, un alimento balanceado para mascotas), en el que la zanahoria hace como que le está haciendo una entrevista de trabajo al pienso y éste le cuenta sobre su proceso industrial de elaboración. Pero, si no les gusta cómo yo lo digo, vean la descripción dentro de uno de los tags de la página:

"¿Qué pasaría si una zanahoria se encontrará con un pienso procesado? La zanahoria, en esta entrevista, se siente totalmente confundida ya que no entiende como no se estropea el pienso para animales si dice que es natural."



Y todo está en ese tono tontuelo pero con pretenciones de profundo de todas esas zonceras que la gente reenvía y reenvía por email (afortunadamente, este dialoguito no está en Powerpoint, horríblemente diseñado y con musiquita cursi de fondo, pero bien podría estarlo).
¿No me creen? Vean un pequeño ejemplo:

Zanahoria: ¿Le importaría responder a mi pregunta, por favor? Todos mis amigos empezarían a deteriorarse y pudrirse en unas horas. ¿Cómo es que usted se mantiene tan... sin moho?.
Pienso: La gente que me fabrica lleva batas blancas. Estoy convencido que saben lo que hacen. Además, el departamento de investigación ha trabajado en esto muy de cerca con el departamento de marketing. ¿Quién la fabricó a usted?
Zanahoria: Dios.
Pienso: Nunca he oído hablar de esa compañía. Pero es un nombre con gancho.


¿No es maravishoso?
Lo más triste es que haya gente que cosas así le parezcan profundas y con sentido, como si de auténticos diálogos filosóficos se tratara, cuando, en realidad, no son más que lugares comunes escritos torpemente y teñidos de conspiranoia básica. O sea, si lo leyeron todo van a ver que lo que se dice es ambiguo, impreciso y dentro del verosímil del "uno no sabe qué carajo le ponen a los alimentos elaborados industrialmente", pero no aporta ninguna prueba concreta. Creo que allí está el quid de la cuestión, que el autor no tiene ninguna prueba de que lo que afirma sea cierto porque, si la tuviera, no estaría escribiendo un dialoguito imaginario entre una zanahoria y un pienso sino denunciando ante las autoridades pertinentes... Ah, no, claro, las autoridades son parte de la conspiración... ¿El periodismo? No, también es cómplice, también es cómplice. Sólo podemos hacer circular la verdad en forma velada, disfrazada de fabulita y a través de canales alternativos, si no las represalias del Sistema serían catastróficas...

Pero, bueno, eso de por qué la gente le cree a lo que le llega a través de cadenas de emails o por qué reenvía esas zonceras es otro tema. Lo que aquí interesa es el tema de lo "natural" y su endiosamiento, cuando "natural" no es sinónimo de "bueno" o "sano": el arsénico es un producto 100% natural. Y he aquí la primera de las cosas que hay que tener en cuenta: hay otro marketing de lo natural además del que hacen las grandes corporaciones cuando se apropian del término. Pero gente como la que escribe este texto o como la que maneja el sitio que lo aloja o como la newagera de la dietética de la esquina se hacen los sotas y pretenden que no existe. "¿Nosotros haciendo marketing?
¡Por favor! ¡Si nosotros lo único que hacemos es ofrecer una alternativa al consumismo monopolizado por las grandes corporaciones multinacionales!", exclaman antes de venderte un preparado de flores de Bach o miel de abejas criadas en un monasterio zen por mapuches que no hablan castellano.

O sea, no se me malentienda y se crea que estoy a favor de las corporaciones, blablablá etcétera etcétera, que no lo estoy. Justamente, parte de mi bronca viene de la forma idiota/cínica en la que esta gente maneja su discurso, porque todo el que vende algo hace marketing. Que este departamento esté en manos del Lucho, el departamento de producción sea responsabilidad de doña Clotilde y el de finanzas lo maneje el tío Carlos no los hace "mejores" o menos "perversos", sólo más pequeños en magnitud de la operación y con menor presupuesto para colocar el producto en el mercado, ni más ni menos. Y, de la misma manera en la que el Lucho va a querer que la granola 100% orgánica que fabrica doña Clotilde se venda y el tío Carlos va a querer que estas ventas se traduzcan en ganancias, de la misma manera van a querer las grandes corporaciones vender sus productos y hacer dinero con estas ventas. Qué se la va a hacer, el capitalismo es así. Y si no les gusta que hagan algo para cambiarlo, que yo los voy a apoyar de punta a punta. Pero no sean hipócritas, que se les nota.


Pero volvamos al texto, y en especial al fragmento que copié. Me encanta eso de que la zanahoria diga que la fabricó "Dios", lindo golpe bajo, lindo golpe bajo... Podría el autor haber dicho "la Naturaleza", "la Selección Natural", "la Puta Casualidad y la Manía de los Átomos de Carbono de Hacer Largas Cadenas Autorreplicantes" pero no, no, lo mandó al frente al Barba, como para hacer frente a cualquier crítica: la zanahoria es superior al pienso porque la primera es de origen divino mientras que el segundo está hecho por seres humanos, y ni siquiera por seres humanos con rostro y nombre, como doña Clotilde (que es una señora muy amable y con una paz interior que da envidia, fíjese usted), que mezcla la granola con sus propias manos y con mucho amor, no, el pienso está fabricado por seres anónimos que visten "batas blancas" al servicio del poderoso caballero don Dinero.

Es fácil culpar a un ente sin rostro como "los de las batas blancas", "los marketineros", etcétera, y de allí imaginar una conspiración de magnitudes gigantescas, pero si uno se pone a pensar, cada uno de estos colectivos están integrados por personas que no son ni mejores ni peores que el resto de la población. Digo, yo he trabajado en publicidad y no recuerdo jamás haberme reunido en cónclaves conspirativos para dominar a las masas sudorosas ni manejo técnicas que hacen que la gente compre cosas que no desea. Es más, no he conocido a nadie que se ajuste a ese perfil. Lo único que hay es gente que utiliza habilidades persuasivas similares a las que usa cualquier verdulero para venderte un tomate y las aplica a un producto cualquiera. Y lo mismo por el lado científico: no existen conspiradores de "batas blancas", sólo gente que trabaja para una empresa y trata de mejorar los productos existentes y encontrar nuevos. Nada diferente a lo que hace doña Clotilde cuando busca nuevas recetas para hacer más sabrosos sus productos orgánicos, así estos venden más que los de su competidora, la tía Nelly.

Sí, sí, ya sé, pareciera que estuviera diciendo que las megacorporaciones son inocentes angelitos y que jamás hicieron nada que no redundara en beneficio a la Humanidad, o que la publicidad no genera necesidades innecesarias. Obviamente que han habido casos, que se han amparado en la corrupción de los políticos y blablabá. Pero una cosa son los casos particulares y otras las generalizaciones. No todos los médicos son Mengele, vamos.

Aparte, ¿quién es más hipócrita, una empresa capitalista que abiertamente coloca productos en el mercado por el afán del lucro o una empresa "alternativa" que te estafa con flores de Bach y te enrosca la víbora con un discurso pseudoespiritual?

¿Es honesto alguien que, para oponerse a los alimentos "sintéticos" para perros y gatos, utilice como antagonista a una zanahoria? ¿Comen zanahorias los gatos y los perros? ¿O comen carne? Pero, claro, ¿con qué cara defiende en un sitio naturista la matanza de animales para alimentar a las mascotas? Mejor pongamos a una inocente zanahoria, al fin y al cabo es un vegetal y los vegetales no sufren cuando los matamos. O, al menos, no nos devuelven la mirada cuando los matamos, no gritan cuando los matamos ni sangran cuando los matamos (a lo sumo largan juguito, pero no es sangre es juguito, ¿ves? ju-gui-to).


En fin, pura hipocresía.
Otro día la sigo.