01 agosto 2005

El ataque de los clones

Si hay algo que no alcanzo a comprender es eso de las "bandas tributo".

Es decir, puedo entender que haya músicos que toquen bien sus instrumentos pero que no sean buenos compositores y, por eso, elijan armar su repertorio con temas que no son de su autoría. Es algo lógico, sensato y nada extraño.
También es lógico, sensato y nada extraño que lo hagan no por una deficiencia compositiva sino por objetivos comerciales. Al fin y al cabo, de algo hay que vivir y los casamientos y los cumpleaños de quince pueden ser una buena fuente de ingresos.
Que haya bandas o intérpretes que arman todo su repertorio con la música de un único artista tampoco es tan extraño, aunque me cuesta comprender un poco tanta especialización. Lo veo un poquito obsesivo y triste, pero va en gustos, va en gustos.
Que la especialización llegue al punto de mimetizar el aspecto físico para parecerse al intérprete al que se le presta tributo ya me parece enfermo e incomprensible. No puedo realmente entender ni imaginar cómo es la vida de aquellos que, en el escenario, son clones de Freddie Mercury o los Bee Gees. Muy solitaria, me imagino.
Pero lo que más, más, más me cuesta entender es que haya alguien que vaya a ver estas bandas tributo. O sea, mucha gente va, si no estas bandas no existirían (al menos fuera de las paredes de las instituciones mentales), pero no logro entender qué es lo que buscan encontrar yendo a ver a un clón de Pink Floyd o de Queen. ¿La experiencia original, acaso la posibilidad de ver en vivo algo que ya no se puede ver más en vivo?

¿Cómo pueden estos necrofílicos musicales obviar el hecho de que quienes están ahí en el escenario, pese a que se parecen mucho mucho mucho mucho a los originales, no son los originales?

No lo entiendo. De veras