17 junio 2004

Desventuras del artista incoherente

Ayer me había propuesto celebrar el Bloomsday (es decir, el mítico paseo de Leopold Bloom por Dublin) tomándome una Guiness en algún bar irlandés del centro. Las circunstancias hicieron que esto no fuera posible, así que me propuse al menos tomar una cerveza cualquiera en un bar cualquiera.
O no tan cualquiera, porque recorrí varios lugares por la zona de Alto Palermo, buscando algún bar no demasiado concheto o muy pre-telo (ustedes saben, doraditos y con mucho smowing). Finalmente encontré un bolichito cerca de la Universidad de Palermo que, por tres pesos con cincuenta te daba un litro de cerveza con tapitas de queso.
Bue... la cerveza no sólo era Brahma sino que, encima, estaba tibia, un auténtico asco. Las tapitas (es decir, rodajas de pan francés con un poco de queso mantecoso arriba) no estaban tan mal pero tampoco eran para tirar cañitas voladoras.
O sea, un festejo de mierda.

Y hoy me duele la cabeza y no me dan ganas de contar lo que hice después. Que fue bueno, interesante y más pertinente con lo literario.

Lástima.