14 julio 2003

Sobre las lecturas de poesía

Lo que sigue forma parte de un mensaje que mandé a Dos Dedos de Frente, la lista que modero. No sé si es un gran pensamiento, pero me pareció interesante ponerlo acá.

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Siento que existe una enorme autocomplacencia en las lecturas de poesía, y más en las de micrófono abierto. No he ido a muchas, es verdad, no he sido invitado a ninguna y quizás estoy haciendo general un vicio de mi subjetividad, pero lo cierto es que nadie escucha a nadie, que es sólo el maravilloso masaje al ego que es estar frente al micrófono leyendo/recitando y que el público es más apático que una cacerola de polenta fría.
O sea, yo hablo de mi no muy extensa experiencia personal a ambos lados del micrófono y lo que veo como espectador es a gente sin el más mínimo sentido del espectáculo, sin la más mínima voluntad de llamarme la atención, leyendo con voz monótona y con gestualidad casi nula poemas que sólo funcionan bien sobre el papel. No es que opine que el poeta tenga que ser un payaso (como algunos malinterpretan y terminan haciendo una taradez pseudo-dadaista que no espanta a ningún burgués porque, como decía Borges, los burgueses ya están curados de espanto), pero sí que tiene que ser consciente de que si se para frente a un micrófono es mucho más que un instrumento que transforma en sonido signos sobre un papel, que tiene un cuerpo que está allí, que tiene una voz con tonalidades y, lo más importante, que tiene un público al que debe conquistarle la atención.
Qué sé yo, quizás el idioma ayuda, pero yo escuché bastantes grabaciones de poetas norteamericanos (vayan a www.ubuweb.com y bájense los MP3s de las compilaciones de John Giorno) y, si bien hay de todo, lo que se oye aún cuando no se entienda lo que se dice es a alguien que está diciendo algo con musicalidad, que está aprovechando las posibilidades de la voz de la misma manera que uno puede aprovechar la disposición tipográfica sobre el papel.
Pero, bueno, quizás el idioma inglés es más dúctil para la poesía oral que el castellano, que es tan áspero, barroco y polisilábico. O quizás es que pese aún a que uno pueda entenderlo el inglés no deja de ser un idioma extranjero y, por lo tanto, uno guarda una distancia, no se compromete tanto con el significado y, por eso, escucha la música más allá de las palabras (como al escuchar los animés en japonés original, que quizás están diciendo la estupidez más grande pero, al no entender uno nada, le suena interesante). O quizás es que los poetas angloparlantes se bajaron del caballo del Idioma y de la Poesía y se dedican a usar el habla de la gente y a contar, con una cierta musicalidad poética, historias más cercanas a la gente.
Pero no sé, porque no soy un lector de poesía norteamericana/inglesa más allá de algunos individuos y quizás generalizo, pero lo que yo siento es que acá (y "acá" vale por Argentina, pero también por Latinoamérica y España) hay como una grandilocuencia en lo poético, como que el poema debe Decir Algo Importante, como que el Poema es un Absoluto, una Tremulación del Espíritu, un Acontecer Miasmático del Áura Intrínseca de la Sensibilidad Misma del Alma Humana.
Y eso aún en los que no quieren ser solemnes, en todas esas "nenitas perversitas" que agitan fuerte las pestañitas y descabezan barbies, en los que se hacen lo chochamu del rioba, en los que usan polera cósmica, en los que se apoyan en una estética "fierita" y recitan con fondo de rock stone.
Para volver un poco atrás, yo, la verdad, no tengo una gran experiencia como recitante de poesía y siempre fue por aprovechar micrófonos abiertos, con lo que ya parto de la certeza de que nadie vino a escucharme, pero lo que siempre experimenté fue que el público sigue en el mismo letargo aunque les des (o intentes darle) un poco más de espectáculo, aunque les pongas un poco más el cuerpo. Obviamente, quizás no lo hago bien, pero me llama la atención que no-respondan de la misma manera ante alguien leyendo con menos entusiasmo que un filet de merluza y ante alguien que está de pie, en patas, caminando y haciendo vocecitas y muecas.
Entonces me pregunto ¿para qué? ¿Para qué las lecturas de poesía? ¿Para qué tanto ciclo, tanto encuentro, tanto quéséyo? ¿Para qué mandar poemas a doscientas listas? ¿Para sobarse el ego? ¿Para mantener una ilusión de que hay un "renacer cultural" en la Argentina en Crisis? ¿Para hacer sociales? Si fuera para esto último (la más noble de las tres posibilidades), me pregunto por qué la atomización de las sociales en ciclos trasnochados en barrios cada vez más lúmpenes, ¿será que los poetas son devotos de San Estereotipo Bohemio?
¿Por qué no hacer como los pintores, que todos se juntan los sábados a la mañana en el Florida Garden, toman café y se mienten ventas, en vez de andar desperdigados por toda la ciudad? Pero, claro, los pintores también hacen muestras y vernissages, que vendrían a ser como los milquinientos ciclitos de poesía, y lo cierto es que en la inauguración de una muestra nadie mira los cuadros sino que va a hacer rostro y comer & chupar de arriba (cada vez menos, pero no porque aprendieron modales sino porque el morfi ha menguado y podés considerarte afortunado si hay manices y cocacola), pero la muestra después queda y se la vuelve a ver.
¿Habría que hacer entonces lecturas prolongadas en el tiempo? ¿O eliminar el micrófono abierto? ¿O prestarle más atención a la palabra "recital" y, por lo tanto, pedir prestados algunos recursos de los recitales de música?
¿Por qué no hay laburo de luces, de sonido, de puesta en escena en un recital de poesía?
¿Por qué todo tiene que ser tan aburrido?
¿Por qué escribí una parrafada tan larga?

Real Itsmo

Limpiando de archivos viejos el disco rígido de la computadora encuentro un texto sobre la relación entre el cine y la literatura que tuve que escribir para la facultad y me llama la atención este fragmento:

La literatura, mal que le pese al siglo XIX, jamás es realista. Porque el lenguaje es lo único con lo que el escritor cuenta y éste no es un instrumento realista, las palabras son incapaces de expresar el mundo real en su totalidad. No por nada los chinos, que son más inteligentes que nosotros, inventaron el famoso refrán de que una imagen vale más que mil palabras. Pero el lenguaje puede expresar y crear cosas que son imposibles de traducir en imágenes. Jamás nadie podría filmar lo que Macedonio Fernández quiso decir cuando dijo que "faltaron tantos ese día que si faltaba uno más, no cabíamos".

Interesante, ¿verdad?
Supongo que aún hoy coincido, aunque no lo sé con certeza.
Uno es así, ¿vio?