05 mayo 2003

Pasame la verdurita

Encuentro esto en Página/12 del domingo:


La grasa de las capitales...
...o de las ciudades poco importantes de los Estados Unidos. Al menos eso es lo que desvela a las organizaciones eco-vegetarianas del mundo. La cosa es así: asociaciones de defensa de los animales, encabezadas por Gente para un Tratamiento Etico de los Animales, acaban de expresar un reclamo de lo más simpático: que Hamburgo (una pequeña localidad en Buffalo, Nueva York) cambie de nombre. No por cualquier otro, claro está: el pueblo debería ser rebautizado Veggieburg (algo así como "Vegeburgo"). A cambio, los lunáticos de GPTEA se ofrecen a suplir a las escuelas locales con unos 15.000 dólares de hamburguesas vegetarianas. Un vocero de la asociación se animó a agregar que "el nombre de la ciudad conjura visiones de insalubres hamburguesas hechas de vacas muertas". Y aclaró: "Nuestra oferta es de lo más seria". La respuesta oficial no se hizo esperar: "Con todo respeto -apuntó un representante de la intendencia de Hamburgo-, estamos orgullosos de nuestro nombre y de nuestra herencia" (no lo dijo pero, además de ser la cuna del alimento cuestionado, Hamburgo es sede del festejo anual del Burgerfest). El caso registra un antecedente: cuando la organización exigió al pueblo de Killfish ("Matapez") que depusiera su actitud arrogante y cambiara urgentemente su nombre centenario.
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Esto es interesante por dos cosas. Una es el fascismo implíto de los vegetarianos (y de cualquier otra organización políticamente correcta), que quieren imponer su forma de ver sobre la humanidad. Porque sí, está bien, es cruel matar a otros animales para comérselos pero también es cruel matar vegetales para comérselos. ¿O acaso la lechuga, el rabanito y la berenjena no son seres vivos? ¿Sufren menos porque no se mueven?
Es más, a los vegetales uno los cocina vivos. Porque si la papa que compro en la verdulería la planto, crece. O sea, si consumo esa papa lo que hago es descuartizarla viva y luego arrojo sus partes aún palpitantes en una sartén de aceite hirviendo, sólo para mi placer de comer papas fritas con hamburguesas vegetarianas.
¿Por qué es menos cruel esto que matar una vaca? ¿Será porque uno no puede encariñarse con una papa, porque el nabo no se deja acariciar, porque la savia no tiene el color de la sangre?
Es la hipocresía de todos estos movimientos "positivos". Es fácil defender al panda de la extinción porque hace lindos peluchitos, pero al murciélago que lo parta un rayo; es fácil salvar a las ballenas, pero si los tiburones desaparecen a nadie le importa, total son "malos".
La Naturaleza es cruel, qué se le va a hacer. Y el ser humano es un bicho omnívoro.
Por otro lado es interesante el miedo a las palabras que tienen los norteamericanos, como si en el decir estuviera la cosa: si cambiamos la palabra desaparece el problema. Las papas fritas no dejaron de ser papas fritas porque le cambiaron el nombre de french fries a freedom fries, ni los franceses se sintieron afectados o recapacitaron de su actitud antibélica.
Pero, bueno, la misma pelotudez pasó acá durante la guerra de las Malvinas.
La gente es estúpida y las palabras la asustan.

Por eso se queman libros.