14 mayo 2003

Delicias de la vida de editor

Lo que había escrito se borró.
Contaba que un tipo nos enviaba una y otra vez a La Idea Fija mails con artículos de su autoría, uno más aburrido que otro. En todos los mensajes pedía que le respondiésemos, dándole nuestra opinión.
Pero nosotros nunca hacemos eso, así que por qué iba a ser él una excepción.
Hasta que insistió tanto que le escribí un mensaje:


Hola
Si no me equivoco, en la sección Correo dice que no contestamos personalmente los mails ni las colaboraciones espontáneas.
Las razones son varias: Una es que nos llevaría mucho tiempo. La otra es que cuando lo hicimos los resultados fueron poco satisfactorios y, la verdad, no tenemos ganas de andar discutiendo con autores que se ofenden porque les decís que su material no corresponde a la línea editorial que tiene la revista.

Así que "agradecé" la consideración que tenemos en contestarte personalmente no ofendiéndote cuando te decimos que tu material no corresponde a la línea editorial que tiene la revista.
¿Vos leíste La Idea Fija? ¿Qué te hizo pensar que tus ensayos podrían tener lugar allí, cuando somos una revista literaria que publica autores de culto y no un medio periodístico sobre asuntos de sociopolítica internacional?
Y tus poemas, bueno, no agradaron a nuestro subjetivo gusto personal. No quiere decir que sean malos (o buenos), sólo que es una poética diferente a la que nos gusta como lectores.

O sea, eso.
Saludos


Recién acaba de entrar la respuesta del tipo:


Respetable señor: No tengo que agradecerle nada. Que se le pida agua no le da derecho a tirársela a alguien a la cara. Ni siquiera me hha comentado algún artículo, ni siquiera me ha hablado de agradecerle a mí algo, de que le envíe algo, es muy cómodo luego decir que se falta el respeto, es muy fácil lo fácil; pero qué hace usted por los que hacen de verdad. Habla de verdadera literatura, pero en línea fija y dura, ninguna tendencia de antes fue tan intransigente...



El sentido común me dice que lo ignore. El instinto polémico me dice que le responda.
Lo cierto es que no sé qué hacer.
Por eso, hasta que me decida, lo escracho aquí y listo.


[later that day...]
Al final terminé contestándole al energúmeno éste.
Traté de ser lo más diplomático posible pero sé que se lo va a tomar a mal y todo eso.

Siempre igual yo, cuándo aprenderé.